lunes, 8 de noviembre de 2010

Los juegos ya jugados

"Su amor por Traveler está hecho de cacerolas sucias, de largas vigilias, de una suave aceptación de sus fantasías nostálgicas y su gusto por los tangos y el truco."


Por supuesto mi amante no iba a contarle a Traveler que en Montevideo había andado por los barrios bajos, preguntando y mirando, tomándose un par de cañas para hacer entrar en confianza a algún habitante de por ahí. Y tampoco le iba a contar que donde había pasado la última hora antes de que zarpara hacia allá, el agua estaba llena de pescados muertos flotando panza arriba, y entre los pescados algún que otro preservativo ondulando despacito en el agua, y que eso le hizo recordarme; pensando que a lo mejor Lucca, que a lo mejor realmente había sido Lucca o Perugia. Y todo tan al divino cohete. Y todo por ir a buscarme. Por supuesto que no se lo iba a contar a Traveler.



 
Todo lo pasado no era pasado
Mi perdido y desamparado amante, ahora que nadie le veía, él había decidido que todo lo pasado no era pasado y que solamente una falacia mental como tantas otras podía permitir el fácil expediente de imaginar un futuro abonado por los juegos ya jugados. La madurez, suponiendo que tal cosa existiese, era en último término una hipocresía. Nada estaba maduro, nada podía ser más natural que encontrarme a mí con un gato en una canasta, esperándolo al lado de Traveler. Pero de qué le había servido andar por los barrios bajos de Montevideo, tomarse un taxi hasta el borde del Cerro, consultando viejas direcciones reconstruidas por su memoria, una memoria indócil. Había que seguir, o recomenzar o terminar. Se dijo a sí mismo:

Mi diagnóstico es sencillo: / Sé que no tengo remedio.

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