sábado, 20 de noviembre de 2010

Tampoco digo la verdad cuando no miento.

Me gusta acaricarle, y ver cómo mi mano se amolda a su cara o a su cuello. Me gusta su risa, cuando ríe se le ven los dientes, o cuando simplemente sonríe y aprieta mucho los labios. Me gusta su lunar en la zona de la barbilla. Me gusta que me haga de enfrentarme a mis miedos.

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