jueves, 13 de enero de 2011

Te quiero igual

te quiero pero te llevaste la flor y me dejaste el florero / te quiero pero me dejaste la ceniza y te llevaste el cenicero / te quiero pero te llevaste marzo y te rendiste en febrero / pero, primero, te quiero igual.

Tantas cosas podría decir con esta entrada que creo que diré todo menos lo que realmente te quiero decir.

Ellos sólo adquieren significado cuando me abandonas o cuando me haces sentir mal. Son como buitres que esperan el momento indicado para salir de su escondite y ponerse a dar vueltas a mi alrededor, o quizá son buitres las venticuatro horas del día, o quizá soy yo la buitre y les busco en esos momentos de nudos en tensión no resueltos. Pero al final el mismo mundo que me acorrala es el que me salva.

Hay algo en algunos de nuestros gestos que aparecen de vez en cuando, y me parece bellísimo. No es una simple impresión, cuando aparece los dos sabemos que está ahí; se puede tocar con las manos, no se ve como forma objetiva, pero sí vemos algo el uno en el otro y también se puede oler e incluso se oye camuflado en los suspiros o en el rozar de manos o mano-muslo o boca-rostro.

Me gustaron tantos y tantos gestos de ti al principio que es normal que desde un primer momento decidiese a creerte en todo lo que pudieras decirme. Lo único es que ahora me comen por dentro los gusanillos esos que nacen cuando te dices a ti misma idiota, una vez que descubres algún engaño o mentira y que tenías por un hecho tan real como el mismo nombre. No puedo evitar sentir los mordiscos cuando pienso en momentos próximos a esa mentira en los que yo me sentía tan bien, y a ti se te veía igual, a pesar de dicho engaño. Y perdón también por acostumbrarme tanto a utilizar la palabra perdón y por empezar quizá algo tarde a cambiar mis errores.

Te lo dije y por fin un día pudiste entenderme por ti mismo, y te lo repito, me pasaría noches enteras durmiendo a tu lado, en cama o en suelo, a la izquierda o a la derecha del colchón, encima o debajo o al lado de ti. Me gustan las preguntas que nos hacemos cuando nos dormirmos, siempre acabamos riendo, aunque sólo sea uno de los dos, pero más me hace reir los sustos que nos damos cuando nos despertamos y descubrimos que se nos ha dormido el brazo que nos sobra. Pero creo que lo que más me gusta es verte dormir un rato, y luego sin moverme mucho dormirme yo, tranquilamente a tu lado.

Te quisiera prometer que dejaré de mentir, ya me he dado cuenta de que siempre juego a favor de la mentira, y cuando no juego en casa y tengo que hablar con la verdad necesito prepararme mucho. Te lo prometería, pero no quiero fallarte ni mentirte si no lo consigo.

Estoy tremendamente enamorada de ti, y sí, quizá después de tanta letra y palabra, esto es realmente lo que te quiero decir.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario