domingo, 20 de marzo de 2011

Ni Él ni Ella, nosotros dos.

Es un día taponado por la cortina de una gran ventana que da a una terraza, que da a un jardín, por lo demás, el cielo está despejado. No sé si empieza a amanecer o si está empezando a hacerse de noche, pero el cielo está muy naranja. En cuanto a la temperatura, hace mucho calor para un mes como Febrero, acostumbrado a pasar frío, y algo de viento fresco para un mes como Agosto, acostumbrado a pasar calor. Estoy medio despierta medio dormida, tirada como una camiseta arrugada en una cama muy grande, con dos mesitas a los lados, medio abro los ojos y veo esa ventana con cortinas que apenas deja pasar la luz naranja del cielo. Se está duchando, por eso me he despertado. Me doy la vuelta y caigo en el otro lado de la cama, bastante frío. Debe de estar terminando. Miro al frente y veo una mesa de escritorio, con una tele apagada y un florero al que es fácil de apreciar que le faltan flores, y al lado una silla con su ropa limpi. Tiemblo al pensar la cantidad de ropa y trastos que debe haber en el suelo. Yo estoy en camiseta, como las tardes de mucho calor en verano, bajo la protección de una única sábana. En su mesita veo su móvil y miro la hora y la fecha. Le oigo abrir la puerta del baño. Dejo todo como me lo he encontrado y me hago la dormida. Me despierta justamente al contrario de como suelo despertarle yo a él, me restriego los ojos con las manos, me huelen a melocotón. Sonríe al ver mi cara de zombi. Sonrío porque sé por qué sonrie; nos aguarda una intensa tarde, una intensa noche y muchas cosas por hacer.

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