-Y ya que hablamos de piedras, ¿de dónde sale ese collar, Lucía?
-Me lo dio Ossip. Era de su madre, la de Odessa.
-Siempre me sospeché que acabarías acostándote con Ossip
-Rocamadour tiene fiebre. Le voy a dar un cuarto de aspirina.
-Si conseguís que la trague sos más grande que Ambrosio Paré. Vení a tomar un mate, está recién cebado. Siempre me sospeché que acabarías acostándote con él. Por favor, lavate las manos como Dios manda y sacá toda esa porquería de ahí.
-En seguida.
-En fin. De todos modos me podían haber avisado. Ahora voy a tener seiscientos francos de taxi para llevarme mis cosas a otro lado.
-No tenés por qué irte. ¿Hasta cuándo vas a seguir imaginando falsedades? Ya no llora más. Hablemos bajo, va a dormir muy bien con la aspirina. Yo no me he acostado para nada con Gregorovius.
-Oh, sí que te has acostado
-No, Horacio. ¿Por qué no te lo iba a decir? Desde que te conocí no he tenido otro amante que vos. No me importa si lo digo mal y te hacen reír mis palabras.Yo hablo como puedo, no sé decir lo que siento.
-Bueno, bueno. Será que tu hijo te cambia. Desde hace días estás convertida en lo que se llama una madre.
-Pero Rocamadour está enfermo.
-Más bien. Qué querés, a mí los cambios me parecieron de otro orden. En realidad ya no nos aguantamos demasiado.
-Vos sos el que no me aguanta. Vos sos el que no aguantás a Rocamadour.
-Eso es cierto, el chico no entraba en mis cálculos. Tres es mal número dentro de una pieza. Pensar que con Ossip somos cuatro, es insoportable.
-Ossip no tiene nada que ver. ¿Por qué me haces sufrir, bobo? Ya sé que estás cansado, que no me querés más. Nunca me quisiste, era otra cosa, una manera de soñar. Andate, Horacio, no tenés por qué quedarte. A mí ya me ha pasado tantas veces...
-Tantas veces... Para la autobiografía sentimental sos de una franqueza admirable. Que lo diga Ossip
-Yo creo que tengo que decirlo aunque sea fatal. Es justo que uno le diga a un hombre cómo ha vivido, si lo quiere. Hablo de vos, no de Ossip. Vos me podías contar o no de tus amigas, pero yo tenía que decirte todo. Sabés, es la única manera de hacerlos irse antes de empezar a querer a otro hombre, la única manera de que pasen al otro lado de la puerta y nos dejen a los dos solos en la pieza. Es casi como si me hubieras pegado. A mí no me importa pero..
-Por suerte te importa. Si no me estuvieras mirando así te despreciaría. Sos maravillosa, con Rocamadour y todo.
-De qué me sirve que me digas eso.
-Querida, las lágrimas estropean el gusto de la yerba, es sabido.
-A lo mejor también te sirve que llore.
-Sí, en la medida en que me reconozco culpable.
-Andate, Horacio, va a ser mejor.
-Como disto de ser un héroe, me parece mejor quedarme.
-Sos tan cómico a veces... Cuando decís que ya no tenemos nada en común, ponés la boca de una manera...
-Decime cómo hace el amor Ossip
-Lo hace muy bien. Muchísimo mejor que vos, y más seguido
-¿Pero te retila la murta? No me vayas a mentir ¿Te la retila de veras?
-Muchísimo. Por todas partes, a veces demasiado. Es una sensación maravillosa.
-¿Y te hace poner con los plíneos entre las argustas?
-Sí, y después nos entreturnamos los porcios hasta que él dice basta, basta y yo tampoco puedo más. No seas tonto Horacio, te digo que no me he acostado con él.
-Al final me parece que te voy a creer... Nunca nos quisimos.
-No hables por mí. Vos no podés sber si yo te quiero o no. Ni siquiera eso podés saber.
-¿Tan ciego me creés?
-Al contrario, te haría tanto bien quedarte un poco ciego.
Aún quedan hermosos días,
ResponderBorrarAprovéchalos, mi pobre amor,
Los bellos años pasan pronto.
Siempre es el tiempo que me queda.
ResponderBorrar