Yo también tengo mi co-razón.
Sé lo que pasa cuando pasa por delante; pasa el olor a colonia nueva de los últimos días, a ópera de Mozart mientras fuera llueve, colores azules en los ojos y el pañuelo, pasa una sonrisa y una niña en converse desaliñada pasa con él. Ya me sé eso de que es demasiado grande, pero lo que no saben es que nosotros las distancias las salvamos con puertas de hotel. Y sí, es cierto eso de que es demasiado grande, grande lo que pasa por mi cabeza cuando le veo y no le veo, le escucho y me imagino escucharle. Que me sé de memoria el sonido de sus "no" que significan "sí", la imagen de su barbilla sonriendo, sus ojos de "lo siento" o su cara de "basta". Me sé de memoria los latidos, la conversación de cada tarde, el ruido de su coche que aparece a contraluz desde su esquina hasta la mía. Me sé de memoria su increible capacidad para fabricar amigas, el susto que me da el móvil con su tono de llamada, la prisa por cogerlo y (a veces) también me sé de memoria el sentimiento de desilusión cuando el que llama no es él. Y aunque no me sepa muy bien (o haya veces que se me olvida) intento recordar la contraseña de sus entrañas, para dejarle siempre calado por dentro, y quisiese aprender cómo poder jugar con él sin pasarme, para hacerle (siempre) un poquito más feliz. Mientras tanto, no me digais que también teneis razones, porque también lo sé, porque ya me las sé, igual que me sé de memoria el reflejo dorado que tiene mi pelo al sol. No me hableis de sentimientos porque yo también los siento. No me hableis de razones porque no las teneís. Habladme de co-razones. Yo ya os he explicado la mía.
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